Observé horrorizado mi silueta al otro
lado del cristal. Mientras la estrangulaba pensaba, “debería
cortarle la garganta”. Así que quise hacerlo, pero estaba el
cristal. No podía llegar.
Sostenía su delgado cuello entre mis
manos y apretaba fuerte. Podía oír sus gemidos ahogados, sus manos
arañaban las mías en un inútil esfuerzo por librarse de ellas.
Lloraba y suplicaba, confusa.
¡Déjala!, grité desde el otro lado.
Pero no me detuve. Seguí asfixiándola. Quería hacerlo.
¡Allen, joder, para!, volví a gritar.
Pero no paré.
De pronto ya no había cristal, no me
acordaba de él. Caminé hacia mí mismo, le cogí de la frente y le
eché la cabeza hacia atrás, deslizando el filo del cuchillo por su
escuálido pescuezo.
Aflojé mis manos, ya no tenía
fuerzas. Sangraba, sangraba muchísimo. Dolía, pero qué más daba.
Joder, ¿por qué ibas a querer
matarla?, le dije al capullo sangrante. Estás poniendo el suelo
perdido, capullo, añadí.
Hostia puta, Allen. Eres imbécil, ¿o
qué te pasa?, me dijo.
La estabas matando. Eres un subnormal
sin escrúpulos. No la quieres muerta.
No la quieres, espetó escupiendo un
revoltijo de sangre y babas.
La amo. ¿por qué matarla? Es absurdo.
Pobre Allen. Pobrecito Allen, pobre
pequeño chico psicótico, incapaz de ver más allá de sus cojones.
Déjame.
Eso es, déjame morir tranquilo.
Desliza un sueño por tu garganta hasta sangrar y hacerte pedazos, y
muere, cabrón. Es lo que te mereces.
¡Basta! Muérete de una vez, no tienes
tanta sangre en esos apenas cuarenta kilos de peso.
¿Es que no puedes fingirlo otra vez?
Allen..., susurró una suave voz muy
conocida. Pero no aquí.
¿Eh?, me giré hacia ella.
Allen, estás sangrando, dijo mientras
caminaba hacia mí. En efecto, mi cuello no dejaba de sangrar. Empecé
a escupir y toser sangre, a asfixiarme. No podía respirar, no podía
verla. La miraba, pero no la veía. La oía, pero no la reconocía, y
sabía quién era.
Me llevé las manos a la cabeza y
comencé a gritar y a llorar. Quería escapar, quería salir de ahí.
Muérete de una vez, grité.
Abrí los ojos despacio. No podía ver
mucho, había una luz demasiado fuerte. Pero ella se puso delante, y
por fin pude verla.
Shilo estaba ahí, rodeada de pañuelos
manchados con sangre y muy preocupada. Me rodeó con sus brazos, pero
no llegó a abrazarme. Se me quedó mirando durante unos instantes,
secando las lágrimas de mis ojos con papel higiénico tintado en
rojo. Yo era incapaz de articular palabra. Aún seguía sollozando y
tratando de tragar saliva.
Allen, ¿estás ahí?, preguntó. Ni yo
lo sabía, si estaba ahí.
No lo sé, le contesté en piloto
automático. Por alguna razón había un punto específico en la
pared que no podía dejar de mirar. No podía entornar mis ojos.
Shilo seguía sacando sangre de algún sitio y no era capaz de
moverme para averiguarlo.
Cuánta sangre, ¿de dónde...?,
comencé, pero no terminé la frase. Me temblaba la voz. Hacía frío
de repente.
Te has cortado. ¿No lo ves?, dijo
mostrándome una de mis manos repleta de cristalitos y cortes.
Entonces me olvidé del punto en la pared y levanté mi mirada hacia
el espejo que estaba encima del lavabo, o mejor, lo que quedaba de
él.
E-estás viva y... no te he
estrangulado. Mi cuello está bien..., susurré en alto sin darme
cuenta.
Claro, ¿por qué ibas a
estrangularme?, preguntó como si nada.
Me dedicó una dulce sonrisa y una
cálida mirada para después seguir limpiando la sangre de mis manos.
¿Por qué iba a estrangularte, Shilo?
No es como si quisiera hacerlo, como si nunca hubiera querido
hacerlo, como si no lo estuviese deseando en ese instante.
Contuve mis manos, mis ganas. Seguí
mirando el espejo roto mientras trataba de alejar mis manos de su
cuello, de borrar el recuerdo de sus gemidos ahogados, sus lloros,
sus súplicas. Oh, cómo lo deseaba. Matarla.
Pero no debía hacerlo, ¿por qué iba
a hacerlo? Allen, ¿por qué ibas a hacerlo? Deja de pensar en ella y
céntrate en tu raquítica figura casi desnuda que descansa sobre las
baldosas ensangrentadas del baño. Puto sádico gilipollas, dije en
voz alta sin darme cuenta. Shilo se detuvo en seco y me miró,
sonriendo falsamente, asustada.
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One shot de mi OC Allen y su... "amiga", Shilo.
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