Cuando abrí de nuevo los
ojos no me lo podía creer, sin embargo era real. Alzaba mi mano para
que me protegiese de la luz lunar y podía salvarme. Apenas había
sentido dolor cuando aquéllo había sucedido, sin embargo dentro de
mi cuerpo tenía un extraño sentimiento. ¿Qué hacía allí? ¿Por
qué seguía estando en la Tierra?
Sentía el roce del viento
por mis brazos y al fin me decidí a levantarme de la acera. Podía,
tenía fuerza para poder levantarme, pero me encontré con la
terrible realidad. Me encontré con lo que había pasado. Ahogué un
grito cuando encontré mi cuerpo salpicado de sangre, con mis ojos
azules abiertos, casi descolocados pidiendo ayuda a los ciudadanos.
Al parecer no habían
llegado a tiempo.
Solamente porque él no
había frenado, porque él iba bebido. Yo había pagado su error.
No quise continuar en
aquel lugar, por lo que continué andando, alejándome del barullo de
gente y del ruido de las ambulancias. No iban a recuperarme después
de todo, mi alma se había separado de mi cuerpo.
No supe cómo ni por qué,
pero acabé en la puerta de un supermercado. No sentía hambre, sin
embargo mis pies me llevaron hasta aquel lugar. Me di cuenta de que
la gente no notaba mi presencia, e incluso me traspasaban. Evité
llorar o ponerme triste, tarde o temprano vendría la depresión.
Alguien paró al lado mío,
giró su cabeza y me miró fijamente. Él también era un muerto como
yo, a parte de notar mi presencia, emitía un centelleo extraño y no
era totalmente opaco. Su mirada era triste, enfadada, tampoco
comprendía por qué había acabado allí.
Una joven de cabellos
castaños largos pasó corriendo al lado mía, chocando conmigo y
entrando al supermercado. A través de las puertas transparentes nos
señaló a ambos y continuó corriendo. Comprendí perfectamente su
mensaje.
De repente me vi rodeada
de estanterías de comida: galletas, papas, verduras, pescado...
Parecía el paraíso a pesar de que yo no podría comer todo éso.
Suspiré tristemente, por
desgracia nadie me oyó salvo los que eran como yo.
Todas las almas perdidas
comenzaron a correr a más velocidad, gritaban como si la situación
fuese divertida. Yo, en cambio, no los entendía.
-¿Por qué no te
diviertes? ¡Esto es muy divertido! -me soltó la joven de cabellos
castaños.
Yo, simplemente, preferí
no responder.
¿Qué había sido de mi
cuerpo? ¿De mis padres? ¿De mis amigos? ¿Qué había sido de
ellos?
A pesar de que hubieran
pasado ya una semana desde mi muerte, me encontraba sentada en un
rincón de aquella habitación oscura. Una señora mayor, de aspecto
enclenque y pobre nos había conducido hasta aquel apartamento lejano
de la ciudad. No nos había dado respuestas, no nos había dirigido
la palabra en toda la semana, lo único que hacía era traer más y
más almas a aquella habitación.
Unos hacían buenas migas
con los demás, otros, como yo, se mantenían al margen de todo.
Cuando los rayos del sol
se fueron colando por la ventana, noté una energía extraña que
recorría mi espíritu. Nadie lo había notado aparte de yo, por lo
que me dirigí hacia la ventana y pasé la mano por delante del
cristal.
No era translúcida, era
totalmente opaca. ¿Qué era lo que había ocurrido?
Miré confusa a aquellas
personas que eran igual que yo, hicieron amago de tragar saliva
aunque no tuvieran. Era completamente extraño. Cerré los ojos y
dejé que el calor del sol rozara todo mi cuerpo.
-Parece ser que han
comenzado ya los efectos de la transición -dijo finalmente la
anciana.
-¿Cómo has dicho? -soltó
uno de un grupo de almas.
-Lo que le ha ocurrido a
esa chica os ocurrirá también a vosotros -estaba claro que se
refería a mí-. Mi nombre es Clarice y soy la encargada de conducir
a las almas de esta ciudad a este sitio donde tendrán que hacer la
Decisión.
-¿La Decisión?
-Sí, deberéis escoger
entre vivir una semi-vida o continuar hacia delante, sin conocer el
camino ni el final.
Todos se quedaron
callados. Clarice anduvo lentamente hasta que paró delante mía, me
examinaba con aquella mirada marrón miel. Mis manos temblaban y
comenzaban a sudar. Estaba sintiendo lo que iba a ser una semivida.
Entonces, Clarice se giró
y se dirigió hacia los demás presentes.
-Una semi-vida... Muchas
almas lo han elegido y otras no. Viviríais como mortales o humanos
-como prefiráis decirlo- mientras la luz del sol se mantenga sobre
el cielo. No podréis contactar con los que están vivos de verdad,
simplemente sentiréis las simples necesidades de los mortales. Por
la noche, recuperaréis vuestra apariencia espectral, sin embargo
podréis seguir haciendo otras muchas actividades...
Mientras continuaba
hablando la anciana, por mi cabeza pasaban muchas ideas, muchas
decisiones. Parecía como si de alguna manera, Clarice nos intentara
convencer para que nos quedáramos aquí.
-No estaréis solos por
supuesto, como ya os he dicho antes, hay otros que decidieron
quedarse aquí. Podéis salir fuera y comprobarlo por vosotros mismos
-muchos sonrieron y otros se quedaron igual que estaban-. Eso sí,
esta transición no durará todo el tiempo que queráis. Tenéis tres
días a partir de ahora para decidir continuar o no. Cuando el sol
del cuarto día salga y no os habéis decidido, os convertiréis en
fantasmas errantes, para siempre.
La chica de cabellos
castaños ahogó un grito. Parecía una película de miedo de verdad.
Lo más terrible era que
no sabía qué decisión tomar todavía y sólo tenía tres días...
Cuando todos notaron como
sus cuerpos se volvían opacos, decidimos salir a la ciudad y
comprobar con nuestros -recién recuperados- ojos lo que había dicho
Clarice.
Era impresionante como las
almas se podían comportar sabiendo que los vivos no los podían
sentir. Hacían barbaridades y se reían a su costa. En aquellos
momentos pensé que hacían todo aquéllo simplemente porque sentían
envidia de ellos, por seguir vivos.
Recordé que hacía poco
había visto en la tele una serie sobre una médium, una persona que
podía contactar con los muertos. Ahora que yo pertenecía a ese
mundo, me preguntaba si realmente existían esas personas.
Estuve paseando con la
joven de cabellos castaños cuyo nombre era Anne. En su otra vida era
una universitaria que estudiaba Bellas Artes, realmente le gustaba su
vida.
El día se marchó y con
él, la sensación de estar viva. Suspiré tristemente. Me encontraba
con Anne en un prado, ambas sentadas sobre la hierba y observando
como otras almas habían robado unas motos y comenzaban a conducirlas
como auténticos críos.
-¿Por qué no nos
quedamos aquí? Seríamos realmente felices -soltó ella
repentinamente.
Por unos instantes había
hecho como que no le había oído, pero posó su mirada en mí y me
obligó a responder.
-Yo lo que quiero es
ascender, me da igual todo ésto.
Había tomado la decisión
durante el día, viendo como se vivía estando semi-vivo y no me
gustaba. Prefería caminar por un camino inseguro a llevar esa
semi-vida por el resto de la eternidad.
-Oh vaya... No creía que
fueras a decir éso, Nazaret...
-¿Por?
-Tu mirada es fuerte y
segura, y además se nota que amas este mundo y que no quieres
alejarte de él -se mantuvo callada por un rato, esperando, tal vez,
a que yo dijera algo-. Todos van a quedarse aquí, les gusta ésto.
“A mí no” pensé.
Era la noche del tercer
día. La mayoría de almas ya habían hecho su elección y se
encontraban de pie apoyados en la pared esperando a que apareciera
Clarice. Anne había tenido toda la razón del mundo, todas las almas
mostraban su aceptación hacia la semi-vida, todos menos yo.
“¿Ocurrirá lo mismo en
las demás ciudades?” Aquel pensamiento se encontraba presente en
todos los momentos, me daba miedo pensar que la mayoría de almas
decidieran quedarse aquí. ¡El mundo se colapsaría de almas! Al
menos eso pensaba yo.
-No todos tienen la
oportunidad de elegir. Mientras que unos son enviados directamente al
Cielo y otros son enviados a los Mundos del Más Allá, vosotros
tenéis la oportunidad de elegir. No os puedo dar la razón por la
que habéis sido escogidos, pero así es y debéis aprovecharos de
éso.
“Así pues, ¿quién va
a seguir continuando por el inseguro camino que tal vez no tenga
fin?”
Nadie se movió, excepto
yo.
Clarice me miró con cara
apenada y muy, muy triste. Lo había sabido desde el primer momento,
desde que me volví opaca. Supo que yo seguiría adelante, porque me
dolía seguir estando aquí.
Lo último que vi de aquel
mundo fueron los ojos marrones miel de Clarice y la mirada triste de
Anne. Ella no tenía el suficiente valor para seguir adelante, pero
yo, para mi desgracia tal vez, sí.
-Olvida tu nombre,
olvídalo todo.
Podía escuchar el sonido
de un tren, se movía rápidamente.
-No vas a seguir en el
camino, vas a tener que detenerte. Tu nuevo nombre será Nora y
deberás guiar a las ánimas perdidas, a los atrapados en los Mundos
del Más Allá, hacia el Cielo. Tú nunca podrás cruzar esta puerta,
nunca.
La voz grave y firme se
fue alejando, dejándome sola y desamparada en el vagón del tren.
Sentía ganas de llorar y de gritar. Tal vez era el castigo que me
merecía, por no haberme quedado, tal vez Clarice también sabía
aquéllo...
Caí de rodillas y miré
con rabia la puerta que nunca iba a cruzar, la cual se convirtió en
mi último obstáculo.
Y sin quererlo ni
desearlo, sentí como mis últimas emociones y recuerdos de mi
antigua vida se desvanecían, convirtiéndome en un espíritu
vacío...
-------
Un spin-off de una historia de varios capítulos que empecé en mi anterior blog. ¿Por qué he decidido colgarla? pues bien, porque la escribí en este mismo día, hace un año exactamente entonces. Me parece que es una buena historia para mostraros mis pensamientos, los temas que suelo tratar (aunque no tenga demasiada fantasía épica). Espero que os haya gustado, que os haya hecho reflexionar... ¡Nos vemos en la próxima entrada!
